Brindis del Novio a su Esposa
Todo es tan exigente y a la vez tan simple.
Sin saber definir bien qué es lo que he querido, me exijo el saber quererte a mi manera: el querer saberte.
Creo que mis ideas se están enamorando. Mientras mi cuerpo se entretiene contigo sin orden ni concierto, mi mente se desliza a la deriva en un torrente de fantasías y realidades. Mientras asciendo por tu cuerpo tu desciendes a mis confines, y cuando me entretengo descendiendo a mis confines tu te me subes a la cabeza. No sé si rodearte de cuerpo o cubrirte de ideas. No sé si incorporarte a todas mis ideas o idealizarte en todo tu cuerpo. Lo que sí sé, es que no quiero poner orden a tus fantasías ni concierto a mis realidades.
Me he propuesto el crecer contigo para que mires mi mirada.
Aspiro a que pierdas la cuenta de mis desvelos, hasta el punto de sumirlos en el más elocuente resumen, capaz de hacerte desvelar calladamente por mi cuenta. Quiero no desmayar en mi afán de luchar contra el equilibrio. Quiero que la vida nos depare toda clase de excusas para permitirnos vivir.
Quiero que sepas que si algún día me toca morir pueda decirte que te lo debo a ti. Que para morir tuve que haber vivido; y que para vivir -como de hecho lo he hecho- tuve que mirarte, admirarte, alcanzarte, tenerte, entretenerme, tropezarnos, rezagarme, adelantarte, detenerte, levantarte, caerme, comprenderte y reprenderme.
Finalmente, cuando siento que hemos llegado al Aquí y al Ahora, confieso ante nuestros hijos, ustedes todos y mi sombra, que me he propuesto el meterte en mi vida para que sintieras mi muerte y proponerte una vida que me incluyera en tu muerte.
Brindemos, pues, por todo esto y -sobre todo- acompáñenme en un brindis de confianza por la futura sensatez de los Dioses.
Pablo Liendo Chapellín
Caracas, 11 de noviembre 1988


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home