Ruedas
RUEDAS
Rueda que has ido rodando
como sorteando tu suerte.
Ora viendo, ora mirando,
siempre dejando de verte.
Esa tu infancia inocente
se te tornó complicada.
En llegando a los veinte
y casi no creías en nada.
Del hilo que fuiste al inicio,
la vida te volvió una madeja.
Cuestionaste al juez y al juicio.
Querías la miel, pero sin la abeja.
Quisiste probar otro cuerpo en tu piel,
un día, dieciocho noches o tal vez cien.
Perfumaste tu espada, tu balanza y tu fiel,
todo por conocer al Olimpo, al Cielo, al Edén.
Ahora eran ustedes, radiantes, al rojo, cual flama,
calentando al destino y al tiempo, hasta derretir su reloj.
Cada uno le entregó a su pareja: su música, su prosa y su cama;
recibiendo a su vez del otro: su Cuerpo, su Alma, su Diablo y su Dios.
Cada quien llegó a ser un ovillo. Ahora, en cada uno lo que se nota es el hilo.
Antes buscaban la lámpara. Ahora, al reconocerse, cuando se quieren, les sobra la vela.
Se les vio amaneciendo como si uno y no dos. Alternancia de noches en celo y de noches en vilo.
Se les antoja pensar en aquel buque que, allá en el horizonte, le da por añorar su propia estela.
Dicen que hasta sus mismas sombras se han estado abrazando.
Cada quien andando, soñando, sorteando su suerte.
Ruedas llamadas a seguir rodando,
incluso más allá de la muerte.
Pablo Liendo
19-04-2001

