20 mayo 2018

Reflexiones de un Domingo Aciago

   Hay momentos en los cuales las circunstancias obligan a tomar distancia para ver el bosque, sin entretenerse en las ramas y mucho menos en las nervaduras de las hojas. Sin "meterse en el cuento".
 
 A raíz de lo ocurrido con el holocausto perpetrado por los nazis, los estudiosos se preguntaron si serían verdaderos "engendros de la naturaleza" quienes fueron capaces de abrir las válvulas para que saliese tantísimo gas mortífero; y si ese fuese el caso, cómo hizo el régimen de turno para ubicar y reclutar a tantos seres tan excepcionales. Asombrosamente, los estudios probaron que cualquier hijo de vecina puede hacer las peores cosas (y también las mejores) si se dan las circunstancias. Para hacer esos estudios no puede uno meterse en el cuento, ya que la visceralidad da como para nublar la mente.

  Puede que aún no haya llegado el momento, pero no me cabe duda que llegará el de estudiar al holocausto venezolano, sin meterse en el cuento.

  Con harta frecuencia se despacha el asunto con aquello de que todo esto está más que probado, que todo está contemplado en la receta, en la cartilla de estos regímenes. Y eso es verdad, sólo que parece haber algo más. Es posible que esta vez, no Alemania sino Venezuela haya sido el laboratorio escogido, probablemente por sus riquezas materiales y sus profundas falencias sociales, para explorar nuevas formas de dominación.

  Si he de caracterizar a este régimen al mayor nivel de abstracción, yo diría que se abraza al principio aquel de que "El fin justifica los medios", y todo lo demás pasa por ahí. Inicialmente, al menos así se le dijo a la población, el fin era un discurso poco original, con las atractivas afirmaciones de eso que se conocía como el pensamiento de izquierda; me refiero a la inclusión social, la protección de los más débiles, la soberanía, los valores propios de la venezolanidad, el control de la competencia económica desleal, etc. Temprano en el juego los medios se disociaron de lo aceptable, y al fin le salieron colmillos. Paso a ser el mantenerse en el poder "A como dé lugar". Lo demás es historia.

  Consideremos tres rasgos emblemáticos de este régimen:

1.- El uso del lenguaje. 

  No debe ser casual que desde sus inicios el oficialismo viene adelantando un programa sistemático de eliminar referentes tradicionales del venezolano (íconos como el pabellón o el escudo nacional). Destaca así mismo el acuñar vocablos que pasarían por simples caprichos; no son "Niños de la calle" sino "Niños de la Patria"; no son "Presos" sino "Privados de libertad"; no es el "Ávila" sino el "Waraira Repano". Esos no llegan ni a neologismos. Para sustituir nombres por verdaderos neologismos se requiere algo más que creatividad, de ahí que, siendo tan marcada la presencia del verde oliva en el oficialismo, no es de extrañar que muchas palabras se hayan rebautizado con vocablos existentes pero ajenos, tales como: guerra, batalla, misión, campaña, enemigo, invasor, terreno, frente victoria, derrota, batallón, soldado, armas, clarín, etc. Meras pretensiones de una épica ficticia. Otros vocablos tienen impactos más sutiles, aunque más profundos. Toda una resignificación de vocablos. Asombra oír a un opositor informar con orgullo que va para una "Marcha Escuálida". Medias verdades o francas mentiras son utilizadas con la frecuencia suficiente como para que sean dadas por ciertas. Muchos son los opositores que hacen referencia a la "Cuarta República" o lo “Rojo Rojito”. Los antropólogos nos dicen que un pueblo sometido está vencido cuando adopta los vocablos del opresor.

  2.- El uso de la información.

Entre los polvos que trajeron estas tempestades con o sin razón se invoca la devaluación de la imagen de los partidos políticos No es casual que precozmente ese espacio pasó a ser ocupado por los medios de comunicación tradicionales. Tal como le ocurrió a la IBM, que tardó en darse cuenta del poder que tenía la computadora personal, al régimen le tomó su tiempo darse cuenta del poder que tenían los media. Cuando lo hizo ya las redes sociales le estaban disputando ese poder a los medios tradicionales. Opino que la ventaja la lleva el régimen, dado que finalmente captó cabalmente para qué le sirven los medios de comunicación (tradicionales y emergentes). Los media son sobornables, se pueden intimidar, se pueden doblegar, sin contar que suelen no estar ahí por motivaciones altruistas ni filantrópicas. Por su parte, las redes sociales están en manos del gran público, ahora empoderado con los micrófonos y las cámaras. El perfil típico es de un adulto joven contemporáneo, sin ideas claras, sin liderazgo, sin formación política, sin conciencia de procesos históricos, e hipnotizado por los oropeles de la tecnología. La foto de un niño desnutrido compite vis a vis con la de las marcas que deja el bikini en un desnudo femenino; de Chávez, la verruga; de Trump, el bisoñé; de Delsy Rodríguez, la boca; de María Corina, las rodillitas; de los médicos cubanos, la ortografía; de las penitenciarías, Rosita, de los problemas nutricionales, la Dieta de Maduro. Por otra parte, observamos cómo se discursea acerca de cuán comunista era Jesús de Nazareth, de cómo los medios de comunicación y de producción están en manos de la oposición, de como cualquier iniciativa de la oposición está diseñada en Washington, de la vocación de la oposición por el golpismo, el fascismo, la violencia, el artífice de la guerra económica, nuestra moneda devaluándose al ritmos de un sitio web en el exterior, la inseguridad como mera sensación, el sistema electoral como ejemplo de perfección a emular por el concierto de las naciones. Hay imperios buenos y malos. Hay golpes buenos y malos. Hay sacudidas sociales buenas y malas. Los compatriotas no hurgan en la basura, sólo son curiosos. El barrendero debería ganar igual o más que el médico, porque previene las enfermedades. Los arquitectos o los ingenieros son prescindibles, a juzgar por las construcciones que se ven en los barrios. El agua no se raciona, se evita su despilfarro. La desinformación compite con figuras arquetípicas tipo El Aprendiz de Brujo o el mismo Frankenstein. Cuando se nos informa que algo podría favorecer a la oposición, la primera opción al tratar de identificar la fuente decimos que probablemente venga de un laboratorio del régimen. Perder cualquier confianza es muy costoso, en este caso la confianza en lo que se nos informa. El discurso prevalente moderno en el mundo entero sublima el valor de los datos, la información, el conocimiento, mientras que, a contrapelo, nuestra postura frente al pool informacional en el cual nos revolcamos nos obliga a tomar todo con un grano de sal. Y eso es muy costoso.

   3.- El pranazgo


  En tiempos de Betancourt nos tocó aprender lo que era multisápido (simpático). En tiempos de Lusinchi lo que era una barragana (picaresco). Con este régimen hemos aprendido lo que es un PRAN (terrorífico). Sorprende que aún hay quien cree que la figura del pran está limitada al ámbito carcelario. Ese afán de preservar el poder "a como dé lugar" los ha llevado a la descentralización del pranazgo. Tal vez sea una desvirtualización de aquello de darle poder al pueblo (aunque me resulta muy difícil de aceptar que fuese algo dicho con honestidad vez alguna). Se le ha dado poder a tantos cómplices como sea necesario. Eso incluye a los jerarcas políticos, los militares, los enchufados nacionales e internacionales. Sin rubor ya se incluyen a los delincuentes puros y duros. Para este régimen, personajes de la calaña de un Barrabás, Atila, Nerón, Fuché, Rasputín, Boves, Pedro Estrada, murieron prematuramente. Ya tuviesen un Carnet de La Patria.

   4.- El ropaje democrático


  No encuentro una distinción lingüística para referirme al acto de asistir a un centro de votación, seguir unos pasos preestablecidos, e irme a casa con el dedo manchado. Eso a veces han sido elecciones. Hay toda una lógica detrás de un proceso eleccionario. El tema es que a veces no es tal cosa. Hay que reconocerle al régimen una gran habilidad, ayudada por una gran torpeza de la oposición, para lograr que se insista en aplicarle la misma lógica a puestas en escena que no son elecciones. Tal vez sea ese el legado más dañino que deje este experimento político a la historia venidera de las naciones. Una dinámica malévola, altísimamente efectiva y eficiente, que aplaca la ira de los dioses internacionales por un buen tiempo, que enloquece a los famélicos trashumantes que marchan sin voluntad hacia su cámara de gas electoral.

  Termino por lo que expresé al comienzo: "Para hacer esos estudios no puede uno meterse en el cuento, ya que la visceralidad da como para nublar la mente".

4 Comments:

At 2:47 p.m., Blogger Luisa Elena Sucre Fernández said...

Magnífica reflexión Pablo! Bueno ver el bosque, y además verlo "fuera del cuento". Gracias por tu luz!

 
At 7:08 p.m., Blogger depensar said...


Muy buen planteamiento, integra en forma gráfica toda esta tragedia social. Da para un buen conversatorio. El tema del lenguaje verbal, subliminal, es determinante. Se trata de maniobras perversas. Toca re-leer con otra mirada o con la mirada de la experiencia dentro de la piel, los libros que surgieron después de la lastimosa experiencia del Holocausto. Escribir siempre ayuda a elaborar y repensar. Gracias

 
At 9:34 p.m., Blogger Simon said...

Buen análisis previo a uno de esos estudios. Creo que hay otro elemento a considerar: La disolución de la independencia de poderes. Igual habría que analizar a la Nación que dio lugar para que se instaurara ese régimen, porque sin duda los gobiernos anteriores hicieron durante varias generaciones el trabajo de preparar el terreno. Recuerdo un estudio realizado al inicio de los 70 en Venezuela, que concluía que más de 50% de los maestros de escuela del país eran analfabetas funcionales. No recuerdo que se haya hecho algo significativo para mejorar la situación.

 
At 7:37 a.m., Blogger Unknown said...

Excelente descripción de lo que acontece, con fino hilar que se aparta de lo subjetivo para entrar en el mundo de lo descriptivo. Quiero confesarte que mientras te leía recordaba cuando el año pasado tuve que ir a una actividad en el helicoide, estaba yo rodeada de esos flamantes verdes y a una chica, de unos 20 años, del área administrativa le dije: "hay que capitalizar los éxitos que has tenido en tu área"..y con ojos desbordados me dijo: "aquí no se dice esa palabra"...Este breve ejemplo habla de lo que tú mencionas. O cuando el año antepasado fui a buscar unas constancias en la electricidad y al recepcionista le dije que venía a "recoger" las constancias ....y me dijo: "eso no se dice... es retirar" y alguien de la cola con voz queda me dijo: "en Cuba es una mala palabra.." debo reconocer que esa acotación movió mis vísceras. Gracias Pablo por tus reflexiones, por tus "compartires" , brillantez y estilo de analizar lo cotidiano, creo que pusiste distancia inteligente a lo que cotidianamente vivimos y eso te llevó a verlo con los ojos del que observa y describe, excelente Pablo!!! Sigue escribiendo por favor!!!

 

Publicar un comentario

<< Home