11 enero 2006

Sembrador

Es tal tu armonía que en sembrador me convierte.
No en cualquier sembrador, ya que a este le es dado sentir,
que tiene la fortuna, la gracia, la dicha y la suerte,
de soñar que te respira al quererte y que te riega al vivir.

Me labro la piel, cual surco, para que tú puedas entrar.
Te invito a sembrarte en mi alma hasta que decidas florecer.
Así, germinamos los dos, por las estaciones, juntos, sin hablar,
ahora y por siempre, desflorando, disfrutando, en continuo renacer.

¿Qué sentido tiene tener una piel, si no es el de querer sembrarla?
¿Para qué tenemos entonces el alma, si no ha de estar plantada?
Es por la siembra y por el alba que la noche se merece el esperarla.
Con perfume y dulzor es como la flor y la fruta agradecen la sembrada.

Estaba sembrando mis sueños cuando me vino el antojo de soñarte.
Soñé que tú te me plantabas para que yo te regara y fueses abonada.
Y resultó tan plena nuestra cosecha, que no he querido despertarte.
No por ahora. No es la época. Tendremos que esperar la madrugada.


Pablo Liendo
10-05-2003

Condicionales

Si yo encontrara las palabras que describiesen lo que por ti siento, trataría de olvidarlas para que no te contengan, para que no te mermen, para que no se las llevara el viento.

Si yo me topara con tus recuerdos, con tus asuntos pendientes, con tus pareceres, trataría de distraerme en otros menesteres.

Si tú me dijeras cuáles son tus miedos, me volvería más yo, más valiente, más eterno, y seríamos más cómplices a partir de estos versos.

Y si, restando lo malo, sumamos aquellos detalles que tanto nos damos, serían multiplicados tanto y tanto que serían ellos mismos quienes, al dividirlos, perpetuarían el seguirnos condicionando.


Pablo Liendo
Febrero 2001